Un simulador solar puede servir tanto para I+D como para pruebas de producción, pero solo si su diseño logra un equilibrio óptimo entre flexibilidad, repetibilidad y capacidad de integración. Los compradores deben definir primero su caso de uso principal y luego evaluar si la arquitectura del sistema puede adaptarse a sus necesidades futuras. La mejor inversión no es la que promete soluciones milagrosas, sino la que mejor se ajusta al flujo de trabajo real.